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No
me remito con estas líneas a un
solo género o a un estilo. Me refiero
a todos aquellos que, a lo largo de la
historia, desde su condición de
intérpretes o compositores, hacen
posible que la autoría musical cobre
su máxima expresión. Son
los “autores de la vida” que
nos llenan de poesía, sueños
y añoranzas. Nos hacen vibrar y
sentir lo mejor de nuestras vidas. En esta
ocasión quiero pararme en una mujer
de excepción. Ella hace de su talento
interpretativo una vocación... un
esfuerzo... un regalo... De muy niña
cruzó las aguas que separaban dos
culturas: la cultura de la melancolía
portuguesa y la cultura del sentimiento
profundo de la nostalgia gallega. Es Maria
do Ceo, una voz única, un sentido
del ritmo que cala el alma.
Te invito a escuchar la creación de una forma de interpretar desde el
corazón de la mas grande fusión Atlántica que alumbraron
mis ojos, que abrieron mis oídos.
Es el lamento que cierra las heridas. Aquellos primeros barcos que cruzaron el
Océano cargados de esclavos, desde la costa africana hasta el Nuevo Mundo,
llevaron ritmos africanos de queja, de pena, de desarraigo y desolación.
Ritmos que se fundieron con los aires urbanos hasta configurar el Jazz.
Una música que supo ganar y enlazarse con lo indígena. Nacía
la fusión del encuentro de las culturas.
Del abrazo entre lo diferente. Gillespie, Coltran, Mingus supieron darse la mano
con Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Paquito de Rivera... fueron ejemplos
como los Irakere, que llenan el mundo del abrazo entre Africa, América
y El Caribe.
Buen ejemplo me parecen para adentrarnos en el concepto de la fusión.
Pero ésta siempre se hizo por grupos compuestos por músicos de
diferentes procedencias, por artistas que se unían como Bebo Valdés
y Cigala para dar un resultado de maridaje entre dos mundos.
Pero sólo Maria do Ceo aúna en sus creaciones, en su voz y en su
forma de hacer, la fusión de las aguas del Miño.
Ella lo transita con “fados gallegos”, con “polcas portuguesas”.
Revive el alma de Amalia Rodrígues con la muy enxebre forma de decir en
gallego.
No es una academicista, habla y musita la lengua del pueblo Cierra tus ojos y
escucha como canta el alma de este ser libre y esforzado. Eso sí, recuerda
al escucharla que si Miguel Hernández regresase del olimpo de la poesía,
nos confirmaría que antes de conocer la música de Maria, ya la
intuía.
Ya entendía que sólo Maria do Ceo sabe dar a la grama sangrante
dos tremendos aletazos:
el labio de arriba el cielo, y la tierra el otro labio.
Enrique Beotas |